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Leer Libro gratis Mordidas de viernes por la noche del autor Chloe Neill del genero Ciencia ficción

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Diez meses después de revelar su existencia a los mortales de Chicago, los vampiros están disfrutando de un estatus normalmente reservado a las estrellas de Hollywood.
Mientras tanto Merit se encuentra haciendo planes para mudarse a la casa Cadogan, pero cuando los humanos estén cerca de descubrir sobre las Raves (banquetes multitudinarios en los que los vampiros acorralan a los humanos como si fueran ganado) comenzaran a afilar sus estacas.
Con el fin de sofocar cualquier prensa desagradable, Ethan le pide al Merit regresar con su familia y sus conexiones de alta sociedad; y actue como enlace entre humanos y chupasangres, manteniendo los aspectos más desagradables de la vida de los vampiros lejos de los medios de comunicación. Pero hay alguien que no quiere que la paz se consiga… alguien con un antiguo rencor…

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La oscuridad de la noche impedía ver los gruesos copos de nieve que caían sin interrupción. Así, la blanca superficie de la tierra ofrecía un negro y sucio aspecto a la tintineante luz de las lejanas estrellas que aparecían por entre las densas capas de nubes que cubrían el firmamento casi por completo. Un viento inquieto se enredaba, aullando, por entre los cables de las líneas telefónicas, levantando de los postes los pegotes blancos de nieve que se habían ido acumulando. Entonces, haciéndose más lento por la carga que llevaba, se removía antes de estrellarse, definitivamente, contra las altas tapias del cementerio. Un gemido constante se elevaba de los altos y picudos cipreses, blancos de nieve, como raras torres de catedrales níveas que hubiesen ornado un fantástico paisaje nórdico. El silencio, en los raros intervalos en los que el viento se recogía sobre la tierra, reposando de su larga y fatigosa carrera, era tan intenso como algo que anunciase un final macabro, cuyo símbolo estaba sobre las tumbas cubiertas de nieve. No lejos del cementerio, la carretera se extendía hacia el doble horizonte de su dirección, en una inmensidad desierta y llana como la palma de la mano. El moderno camión que avanzaba dificultosamente por la pista, era el único detalle, con el cementerio y los escasos árboles que bordeaban el camino, que sobresaliese de la llanura que se extendía, por doquier, en una infinitud formidable.

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